La arquitectura de los paisajes culturales extremos en Tierra del Fuego

Escrito por: Eugenio Garcés1

Introducción

El conocido arquitecto y teórico italiano Vittorio Gregotti publicó en 1972 un libro al que tituló El territorio de la Arquitectura. Para Gregotti, las relaciones entre arquitectura y territorio resultan de gran interés para la disciplina, en particular aquellas vinculadas con “el ambiente modificado por el trabajo y la presencia del hombre” (Gregotti, 1972, p. 111). El teórico italiano veía estos vínculos como específicamente arquitectónico, considerando que los problemas de la forma aplicados al territorio construyen un rico campo de resonancias e implicaciones, a partir de “el reconocimiento y la asunción del mundo como materia elaborada por la arquitectura a través de la invención del paisaje…” (Gregotti, 1972, p. 95).

Esta hipótesis nos permite afirmar que en Chile existen una serie de territorios situados en los márgenes de la experiencia cotidiana de sus habitantes, que han sido construidos como paisajes, específicos y concretos, cuando la explotación de los recursos naturales ha resultado rentable y la construcción de asentamientos humanos ha permitido habitarlos. Es el caso de la Cordillera de los Andes (minería del cobre), del Desierto de Atacama (oficinas salitreras), del golfo de Arauco (asentamientos del carbón) y de la isla de Tierra del Fuego (estancias ganaderas, explotación del petróleo), entre otros. En este sentido, Tierra del Fuego es paisaje y es recurso (Gregotti, 1972; Solá-Morales, 1981). En cuanto recurso, debe su existencia a un proceso que la transformó en producto, activado por los grupos humanos que allí se asentaron y se sustentan; en cuanto paisaje, ha sido formado por un intenso proceso humano, construido sobre el soporte geográfico de Tierra del Fuego.

Buena parte del misterio elusivo de la Tierra del Fuego se debe a su posición y características geográficas, al sur de los campos de hielo, al sureste del Estrecho de Magallanes, en los confines de América, entre los paralelos 52 y 55 grados de latitud sur. En ese espacio geográfico tan particular, la presencia del hombre ha sobrecargado el territorio de huellas, interpretaciones y lecturas, acumuladas, borradas, sobreimpresas, en un espacio físico que condensa y dota de sentido a los diversos procesos que se superponen a modo de estratos, como en el palimpsesto de sus diversas ocupaciones.

1. Wilderness en Tierra del Fuego

La noción de extremo como cualidad de Tierra del Fuego, vale también por “salvaje”, equivalente al término inglés “wilderness”.2 En términos metafísicos, el wilderness ha sido descrito como una idea subjetiva en la mente del espectador, relativa a un lugar donde se conserva la influencia arcaica de lo natural, con características tales como un alto grado de salvajismo, el carácter primigenio, la soledad o la recreación en condiciones primitivas, donde pueden ser observados y experimentados el naturalismo y los espacios libres de la actividad humana.

Desde un punto de vista legal,3 el wilderness es una zona de “tierra sin mejoras permanentes o habitación humana”, “que ha sido afectada principalmente por las fuerzas primarias de la naturaleza” y posee un “carácter primitivo e influyente”, que se protege y maneja “a fin de preservar sus condiciones naturales”.

Aunque suponemos al wilderness una condición natural y al margen de la influencia humana, nuestra relación con el wilderness ha evolucionado y cambiado en respuesta a las tendencias e ideas formuladas en determinados momentos de la historia, desde el momento que el wilderness ha sido moldeado a nuestra imagen y semejanza y creado para servir a las necesidades del hombre y los grupos hegemónicos, de modo que la construcción social de la noción de wilderness está vinculada con la evolución histórica de la percepción humana de la vida silvestre.4

De este modo, a lo largo de la historia, la palabra wilderness si bien fue sinónimo de salvaje, desolado, estéril y caótico, términos todos que tienen una connotación negativa, la Revolución Industrial planteó que la tecnología podría someter y dominar la naturaleza y mover a las personas desde el wilderness hasta el jardín doméstico o urbano. La vida silvestre fue reducida al control de los rendimientos y el medio ambiente fue explotado exclusivamente con fines económicos.

Sin embargo, el movimiento romántico, desde principios del siglo XIX, planteó un cambio en la comprensión de la naturaleza, desde su percepción como materia prima, propia de la Revolución Industrial, hacia su percepción como producto de la inspiración divina. El wilderness podía ser consecuencia del panteísmo, esto es, de que la naturaleza toda es expresión de la divinidad, de modo que el wilderness se convirtió en algo de valor para ser protegido y apreciado. Y la sensación de contemplar y convivir con esas formas de lo natural, nos lleva a la idea de lo sublime. Edmund Burke5 describió lo sublime como un temor controlado que atrae al alma, presente en cualidades como la inmensidad, el infinito, el vacío, la soledad, el silencio, etc. Calificó lo sublime como “asombro sin peligro”. Estas ideas abren paso a la noción de lo sublime como la belleza terrible.6

Desde esta perspectiva, el wilderness comenzó a ser ofrecido como un destino turístico perfecto, ya que cuando se difundió la idea de experimentar lo sublime en ciertas áreas naturales, su acceso fue posible para aquellos en condiciones económicas de disfrutarlo. Así, los turistas de intereses especiales y los deportistas con recursos crearon el wilderness a su imagen y semejanza.

Nuestra Tierra del Fuego tiene mucho de wilderness, en la medida que en ella se conserva la soledad, el alto grado de salvajismo y el carácter primigenio de un territorio que ha ido siendo parcialmente modificado por la acción del hombre, primero con una ocupación aborigen del territorio y más tarde con la ocupación económica. Ese territorio, que se veía a fines del siglo XIX y del siglo XX como un ambiente a explotar en términos económicos, está actualmente en disposición de ser transformado en un escenario apto para el turismo de intereses especiales, como una nueva dinámica económica, la que sin embargo atesora los valores del paisaje ya que en éstos es que encuentra sus valores más destacados.

2. Los paisajes culturales extremos en Tierra del Fuego

Una perspectiva de análisis, basada en la lectura del territorio de acuerdo con el concepto de palimpsesto, hace aflorar diversos estratos, layers o capas, para la formación de los paisajes extremos en Tierra del Fuego:

  • El Comité Interministerial de Chile para el Desarrollo de Zonas Extremas y Especiales, Cideze (1994), consideró como zona extrema y especial a Magallanes.
  • El encuadre crítico de sus paisajes naturales establece el verdadero contexto geográfico de Tierra del Fuego, como remate excepcional de la Patagonia, así como puerta de acceso a la Antártica.
  • El corpus de narraciones y cartografías legado por los exploradores europeos que la reconocieron –navegantes, viajeros y científicos–, configura el imaginario de un territorio al sur del mundo.
  • Los aborígenes sélknam habitaron la Tierra del Fuego durante cerca de ciento diez siglos y dejaron un riquísimo legado cultural.
  • Los asentamientos humanos, que surgieron desde fines del siglo XIX a raíz de una colonización económica basada en la explotación de los recursos naturales, hicieron posible el dominio de su ambiente extremo con finalidades productivas, configurando unos paisajes reconocibles y propios.

a. Magallanes, Zona Extrema y Especial

El Comité Interministerial para el Desarrollo de Zonas Extremas y Especiales, Cideze (Cideze, 1994)7, considera como zona extrema y especial a Magallanes, entre otras zonas de Chile. Acorde con las diferentes leyes vigentes, las zonas extremas en Chile incluyen: la región XV (Arica y Parinacota); la provincia de Tocopilla en la región II (Antofagasta); la región XI (Aysén); la región XII (Magallanes); y las provincias de Palena y Chiloé en la región X (Los Lagos). Adicionalmente, se incluye a la Isla de Pascua, en el Océano Pacífico. Se trata de territorios que se caracterizan por el aislamiento crítico, su población escasa y altamente dispersa, la presencia deficitaria del aparato público y el bajo nivel de desarrollo socio-económico, todos factores que representan una desigualdad y desventaja respecto del desarrollo del resto de Chile.

A los efectos de caracterizar a los territorios especiales aislados, se han seguido criterios físicos, como la variable climática, ya que un clima riguroso condiciona la accesibilidad y comunicación; demográficos, considerando el porcentaje de población rural, así como la indígena; económicos, tomando en cuenta la dependencia de capitales externos, así como el nivel de actividad económica y la débil transferencia tecnológica a los procesos productivos; de acceso a servicios públicos, considerando la integración comunicacional, el acceso a educación, la cobertura de salud y la presencia de infraestructura de transporte como puertos y aeropuertos; y político-administrativo, ya que la distancia a los centros de poder y toma de decisiones es crítica en estos casos (Subdere, Instituto de Geografía PUC, 1999).

En tanto territorio especial aislado,8 la isla de Tierra del Fuego presenta un claro aislamiento geográfico; posee un bajo nivel de accesibilidad; tiene una población escasa y altamente dispersa, dispone de una baja presencia y cobertura de servicios públicos; y posee un bajo nivel de desarrollo socio-económico. Tiene, además, falencias y déficit en infraestructura vial, portuaria, aeroportuaria y telecomunicaciones, las que dificultan la accesibilidad y conectividad de la población, con un consecuente desequilibrio territorial; la población está concentrada en determinados zonas, situadas a buena distancia del núcleo regional y comunal; y posee dependencia funcional y económica, existiendo una situación de aislamiento crítico asociado con la condición extrema de la región.

b. Tierra del Fuego, paisajes naturales extremos

La Tierra del Fuego es la mayor isla del continente americano. Está ubicada aproximadamente entre el paralelo 52° y el paralelo 55° de latitud sur, latitud en la que es el único lugar poblado del planeta en forma permanente, junto con la isla Navarino. Es una manifestación compleja el ámbito mayor de la Patagonia Magallánica, así como puerta de acceso a la Antártica. Está delimitada por el estrecho de Magallanes, el canal Beagle, el mar de Drake, el océano Atlántico y el océano Pacífico.

La Isla es compartida por Chile y Argentina, países a quienes les corresponde la sección occidental y oriental respectivamente, de acuerdo con el Tratado de Límites de 1881, que estableció como frontera una línea recta norte-sur que va desde el cabo Espíritu Santo hasta el eje del canal Beagle. El Tratado otorgó una superficie (aproximada) de 2.948.000 hectáreas para Chile y 1.850.000 hectáreas para Argentina.

Tierra del Fuego debe su nombre al hecho que Hernando de Magallanes y su tripulación, durante el viaje de exploración del Estrecho, habrían visto gran número de fogatas en las costas al suroriente, probablemente a la cuadra de las actuales Primera o Segunda Angostura. Anne Chapman (Chapman, 1986) indica la posibilidad de que los sélknam hubiesen encendido las fogatas para avisar de la presencia de las extrañas naos. Esos fuegos habrían sido vistos por la tripulación de las naves y de allí el nombre de la Isla. Otra posibilidad es que los fuegos avistados fuesen fuegos fatuos asociados con la combustión espontánea de bolsones superficiales de gas, cuya existencia fue comprobada unos 430 años después, con el hallazgo de petróleo y gas natural por la Empresa Nacional del Petróleo (Enap)9 en la Isla.

El conjunto de operaciones cartográficas de encuadre de Tierra del Fuego abarca el Estrecho de Magallanes, desde su boca occidental en el Océano Pacífico hasta su boca oriental en el Océano Atlántico, incluyendo el territorio continental del sur de América hasta el paralelo 52°; comprende la totalidad de la Isla Grande de Tierra del Fuego (lados chileno y argentino); incluye los archipiélagos al sudoeste del estrecho de Magallanes; y contiene al Cabo de Hornos como parte integrante del sistema insular mayor.

En su parte norte, la Isla posee una topografía caracterizada por sus amplias llanuras centrales con cierto relieve y hacia el sur, por a la presencia de unos desmembrados Andes patagónicos, con el nombre de cordillera de Darwin. El clima está definido por los fuertes vientos, la presencia constante de la lluvia y la nieve, el soleamiento escaso y oblicuo, los cielos siempre cambiantes. Su extensión es como un círculo del cielo donde el horizonte establece a la redonda la vastedad de los límites y referencias visuales que la dotaron de sus cualidades estéticas (Morales, 1984, p. 173). En su espacio geográfico coexisten, entre otros elementos, lagos y cordilleras, glaciares y praderas, bosques y estrellas, crepúsculos prolongados, cielos tormentosos y cambiantes, sombras muy largas. Sus paisajes comprenden el extraordinario contorno de sus costas, rico en bahías, fiordos, canales, senos, cabos, ventisqueros, y lugares tan significativos como el sitio Ramsar en bahía Lomas, las praderas ventosas del norte de la Isla, las tierras bajas comprendidas entre bahía Inútil y bahía San Sebastián, la sierra Carmen Sylva, los grandes cuerpos de agua del lago Blanco y el lago Lynch, los bosques de lenga, la falla geográfica oriente-poniente compuesta por el seno Almirantazgo, el río Azopardo y el lago Fagnano, la cordillera de Darwin, la bahía Yendegaia que se abre sobre el canal Beagle y está coronada al oriente por los montes Pirámides… Las cualidades de muchos de estos paisajes se asocian con la noción de belleza terrible, propia de lo sublime.

c. Los exploradores europeos

Desde Pigafetta a Darwin, desde Sarmiento de Gamboa a Gusinde, la Tierra del Fuego ha sido explorada desde su primer avistamiento por Hernando de Magallanes (1520), cuando dio con el estrecho que lleva su nombre. En 1584, Sarmiento de Gamboa, divisó y escribió sobre los selknám (la “gente grande”) durante su viaje por el Estrecho (Sarmiento de Gamboa, 1950). Impulsó a nombre del rey Felipe II de España la fundación de asentamientos humanos en el Estrecho, con dos establecimientos llamados Nombre de Jesús y Rey Felipe, ambos fracasados después de años de enormes dificultades que llevaron a la muerte a sus más de trescientos habitantes por falta de provisiones, hecho que Rey Felipe sea conocido hoy en día con el significativo nombre de Puerto Hambre.10

En 1616, los holandeses Le Maire y Schouten descubrieron el Cabo de Hornos y confirmaron la conjetura de navegantes españoles y del pirata inglés Francis Drake, quién en 1579 propuso la idea de que Tierra del Fuego es una isla que forma parte de un complejo archipiélago. Desde entonces se sucedieron numerosas expediciones, entre ellas la de Phillip Parker King, quien dirigió importantes trabajos hidrográficos entre 1826 y 1830, encargados por el almirantazgo británico, en el litoral chileno de la Patagonia y la Tierra del Fuego. Otra, de gran interés, fue la que comandó el capitán Robert Fitz Roy, con Charles Darwin como naturalista a bordo, explorando la Tierra del Fuego y territorios adyacentes entre 1832 y 1834 en la nave Beagle.

Cincuenta años después, en 1886, arribó a Tierra del Fuego otro europeo, el rumano Julius Popper11, quién fue el primer hombre blanco en recorrer el interior de la Isla, entre bahía Porvenir y bahía San Sebastián, donde descubrió y organizó el yacimiento aurífero denominado El Páramo, en cuya cercanía propuso la fundación de un pueblo marítimo que denominó Atlanta (Popper, 2003). Fue un adelantado en la campaña de exterminio de los aborígenes y ya es un clásico la fotografía en la cual aparece un sélknam muerto al pie de sus batidores.

El europeo de origen ruso, Mauricio Braun, radicado en Punta Arenas (Chile), fue el encargado de organizar y administrar como director-gerente, desde 1893, a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, cuya superficie de operaciones superó el millón de hectáreas. La Sociedad es considerada pionera en relación con la explotación económica de la Isla en base a las estancias ovejeras.

Unos años más tarde, el sacerdote salesiano italiano Alberto De Agostini, llegado a Punta Arenas en 1910, aportó de manera significativa a la exploración de las cordilleras patagónica y fueguina y al conocimiento de la región austral, mediante fotografías, libros, películas y cartografías que se difundieron en Europa. En 1955, a la edad de setenta y dos años, dirigió la ascensión del monte Sarmiento, el más alto de la Isla, con 2.404 metros de altura (De Agostini, 1959).

El sacerdote austriaco Martín Gusinde, de la congregación del Verbo Divino, llegó a Chile en 1912. Realizó cuatro expediciones a Tierra del Fuego, entre 1918 y 1923, y consiguió convivir intensamente con sélknam y yámanas para ganar su completa confianza y participar en una ceremonia del Hain.12 Durante estas expediciones, en las que aplicó el método de la etnohistoria, obtuvo el material fotográfico y etnológico para la publicación de su obra capital, Feuerland Indianer (1931), traducida al castellano como Los Indios de la Tierra del Fuego (Gusinde, 1982).

El interés de los diversos países europeos por explorar y cartografiar el área meridional de América se explica por la importancia estratégica del Estrecho de Magallanes y la ruta del Cabo de Hornos para la navegación mundial, hasta la apertura del canal de Panamá en 1914. Es interesante constatar que desde el primer naufragio, acaecido a la nao Santiago en 1520, se registran más de 400 siniestros,13 solamente durante los siglos XIX y XX, en el entorno de la isla de Tierra del Fuego, esto es, en el Estrecho de Magallanes y en los alrededores de Punta Arenas, en el estrecho de Le Maire, la isla de Los Estados, el canal Beagle y, sobre todo, en el sector sur del Cabo de Hornos.

En conjunto, la cartografía de la región Magallánica y Tierra del Fuego supera las dos mil piezas, cantidad impresionante de representaciones que informa de los conocimientos cartográficos de cada época así como de los mitos y leyendas que se tejieron en relación con la Isla y sus áreas de influencia. Esta cartografía incluye piezas arcaicas, como el sector del Planisferio denominado Padrón Real de Turín de 1523, y planos modernos, como el plano de Tierra del Fuego a escala 1: 2.250.000, impreso por F. De Agostini en 1959. La Cartografía Magallánica 1523–1945 (Martinic, 1999) contiene, entre muchos otros, los mapas de Santa Cruz (1540), Van Spilbergen (1614), Arellano (1619), Gerritz (1622), Keer (1645), Gotha (1887).

d. La cultura aborigen de los sélknam

Tierra del Fuego fue durante cerca de ciento diez siglos la patria de los aborígenes conocidos como sélknam (onas), un pueblo de individuos físicamente muy bien conformados que con el tiempo desarrolló una adaptación extraordinaria a sus duras características geográficas y ambientales.14 El nomadismo les permitió desplazarse en procura de los alimentos necesarios para su existencia, con la práctica de la caza y la recolección de frutos.

El guanaco, animal esencial en su economía, como lo fue el bisonte para los indígenas de las praderas norteamericanas, les brindaba carne para su alimento y pieles para su vestimenta, los usos artesanales y la cubierta de sus chozas.

En tanto expresión de arquitectura, las chozas se basaron en una estructura de ligeras varas que las mujeres sélknam portaban durante las excursiones, como base de una construcción resistente a los fuertes vientos, que se completaba con varas más robustas, si las había a mano, forradas exteriormente con pieles, cortezas y ramas, dejando una apertura superior para la salida del humo y otra, en dirección opuesta del viento dominante, para ser utilizada como puerta. Por su parte, el arco, pieza de notable artesanía, y la flecha, objeto de depurado diseño y construcción, son centrales en su economía. La emplumadura del astil se disponía de modo tal que propulsaba la flecha en giro rotatorio, necesario para producir un mejor vuelo rectilíneo y lograr una mayor eficiencia en las cacerías (Prieto, 2008).

El dominio del territorio lo consiguieron mediante la institución del háruwen,15 que destinaba a cada grupo familiar la explotación exclusiva de ciertas áreas geográficas muy bien demarcadas en relación con accidentes topográficos, curso de ríos, precisas señales de la llanura, etc., cuyos límites exigían una estricta observancia, ya que su violación era causa de disputas entre linajes, por lo que su conocimiento era comunicado de generación en generación. Cada una de estas áreas era habitado por el linaje correspondiente a un grupo de parientes consanguíneos que por vía patrilineal los unía a anteriores generaciones. El tamaño de cada háruwen dependía del grado de productividad que brindaba, de manera que una zona rica en recursos exigía un háruwen menor y viceversa. En cada háruwen se representaban los antepasados, de manera que cada río, lago, monte, pradera, bosque, fue anteriormente un sélknam el que al morir escogió transformarse en un cierto elemento del territorio, dando forma al cosmos. Existían cuatro cielos (shó’on), a los cuales pertenecían todos los háruwen, referenciados por los puntos cardinales, los que unidos representaban la totalidad del cosmos y agrupaban a la estructura social sélknam (Keller, 1947).

Martín Gusinde (Gusinde, 1982) dibujó un plano de los háruwen a partir de la interpretación de informaciones transmitidas oralmente. De acuerdo con este plano, los háruwen eran treinta y ocho para una población estimada en tres mil ochocientos individuos, hacia mediados del siglo XIX; según estudios posteriores de Anne Chapman (Chapman, 1986), los háruwen eran ochenta. Investigaciones más recientes establecen una densidad ocupacional de un habitante por cada veinticinco kilómetros cuadrados de territorio, cifra que sugiere una población de mil quinientos individuos para toda la Isla (García Moro, 1987).

La ocupación económica del territorio, desde los últimos años del siglo XIX, dio origen al exterminio de los sélknam por individuos perfectamente armados, entrenados y remunerados. El mayor de los costos de esta ocupación fue la extinción de los sélknam. En palabras de Mateo Martinic (Martinic, 1980 p. 96):

La gran responsable directa –por delito de acción– lo fue la colonización ganadera, como acción económica impersonal y anónima que en su avasallador desarrollo eliminó los obstáculos que se le oponían, pues su avance representaba una demostración manifiesta de progreso y civilización, no importando que aquel se amasara con sangre y dolor inocente y ésta resultara escarnecida.

Los indígenas que no murieron en las batidas fueron confinados en las misiones salesianas de San Rafael y Río Grande donde las enfermedades europeas de contagio acabaron con esta espléndida raza. La última sélknam, Ángela Loij, falleció en 1974.

e. Los asentamientos humanos

Desde fines del siglo XIX, se desarrolló un conjunto de asentamientos humanos que surgieron a raíz de una colonización económica basada en la explotación de los recursos naturales, cuya expresión territorial son el puerto de Porvenir, las estancias ganaderas16, las factorías madereras y las instalaciones mineras,17 representando la intervención cultural en el territorio de Tierra del Fuego, a la vez que la expresión paisajista resultante de esa interacción. En este sentido, la ocupación ganadera de Tierra del Fuego, los establecimientos madereros y la ocupación petrolera desarrollada por Enap para la explotación de los hidrocarburos, constituyen formas económicas de ocupación del territorio e ilustran las diversas formas con que dominaron su ambiente extremo con finalidades productivas.

La necesidad de dotar de una cabeza política y administrativa a la Isla y, al mismo tiempo, de afianzar la soberanía establecida en el tratado de límites con Argentina de 1881, llevó a la fundación de Porvenir el 20 de junio de 1894, por decreto supremo del Presidente Jorge Montt. Porvenir, capital de la Tierra del Fuego chilena, nació como campamento minero y luego se consolidó como centro de servicios y comercio asociado con la ganadería ovina. Las primeras construcciones, en forma de campamentos mineros, se situaron al fondo de la bahía Porvenir, en la playa norte y en las inmediaciones del “chorrillo del oro”; y proliferaron también posadas y comercios, los que dieron origen a la primera configuración estable del poblado. El trazado en damero fue diseñado por los ingenieros Contreras y Donoso.

En la década de 1880 se formaron en Punta Arenas las empresas para postular a las Concesiones de Tierras en Tierra del Fuego,18 en un proceso convocado por los gobiernos de la época. Las primeras Concesiones fueron otorgadas, para el período 1885–1915, a las sociedades multinacionales Wehrhahn y Cía. (120.000 há), The Tierra del Fuego Sheep Farming Co. (180.000 há), The Philip Bay Sheep Farming Co. (170.000 há), Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (1.009.000 há) y a la empresa local Sociedad Industrial y Ganadera de Magallanes (190.000 há), para ocupar buena parte del solar patrio de los sélknam (onas). El otorgamiento de estas concesiones implicó una nueva ordenación del territorio –que se superpuso a la división tradicional de los haruwén19 aborígenes– basada en la distribución de cinco enormes predios, que activaron a la Tierra del Fuego en términos productivos. Datos de 190720 indican que la Isla, a 20 años del otorgamiento de las primeras concesiones, había sido transformada en un territorio económico de importancia, ocupado por cinco empresas ganaderas, 1.626 habitantes y 750.000 cabezas de ganado ovino. (Martinic, Mateo, 1999). El proceso de concesiones continuó efectuándose periódicamente, abarcando hasta el sur del río Grande y sentando las bases de la actual subdivisión predial de la Isla.

Las estancias ovejeras son asentamientos rurales, formados por cascos, secciones, puestos, caminos y pequeños puertos, destinados a la crianza de ovejas para la producción de lana, carne y derivados. Constituyen hechos arquitectónicos múltiples, discretos y dispersos en la vastedad de la Isla, que organizaron, con pocos elementos, unos lugares específicos en el territorio. Sus piezas básicas se articulan en la forma de cascos de estancia, los más grandes de los cuales llegaron a albergar más de un centenar de trabajadores durante la época de esquila de ovejas.

Estos cascos dieron origen a unas formas básicas de urbanización, al modo de pequeños poblados, compuestos por viviendas de distintos tamaños y calidades, entre las que sobresale la casa de administración, desde la cual se ejerció el dominio visual sobre las faenas, y por las instalaciones productivas, entre las que se destaca el galpón de esquila, donde se concentró el foco productivo. Las piezas de arquitectura, destinadas a cumplir funciones laborales y residenciales, fueron edificadas mediante estructuras de madera revestidas con planchas metálicas onduladas de hierro galvanizado,21 conformando formas fuseladas para resistir el fuerte embate de los vientos. Las dimensiones de las estructuras resultaron definidas por el pie inglés y sus revestimientos, por las medidas de las planchas metálicas.22

Con el correr del siglo XX, sin embargo, la expansión sostenida de la ganadería ovina fue contrayéndose en razón de aspectos tales como el clima riguroso, las distancias significativas entre las estancias y el puerto de Porvenir, único centro poblado en la Isla hasta 1958, los restringidos medios de transporte y comunicación, la condición mono productora de los establecimientos, el empobrecimiento y deterioro de los suelos, la reducción de las superficies en explotación, el manejo técnico conservador de los predios ovejeros, entre otros. Muchas de las grandes estancias fueron abandonadas y no consiguieron dar pie a núcleos estables y complementarios de población. (Martinic, 2005).

Los principales cascos de estancias son: Gente Grande (1885), Springhill (1890), Caleta Josefina (1894), San Sebastián (1895), Bahía Felipe (1896), Cameron (1904), Vicuña (1915). Estos cascos son el paradigma de la construcción de unos paisajes culturales extremos en Tierra del Fuego.

La zona de Tierra del Fuego que enfrenta al canal Whiteside y la isla de Dawson, fue asiento de establecimientos de explotación forestal, como es el caso de Puerto Yartou, Puerto Arturo y La Paciencia, situada esta última al interior del seno Almirantazgo. De acuerdo con Mateo Martinic,23 en estas factorías madereras, desde 1910 en adelante existieron ferrocarriles del sistema Decauville para el movimiento interno de cargas, con tiro animal (caballo), combinado con fuerza humana.

La factoría llamada Puerto Yartou, fue fundada en 1908 por Alberto Baeriswyl Pittet, hijo de inmigrantes suizos, en Tierra del Fuego. Su fundador inauguró la actividad económica de la explotación maderera. Actualmente (2010) está en marcha una iniciativa de restauración de la Casa de Administración, gracias al aporte del gobierno suizo que hizo suyas estas instalaciones en homenaje al pionero Alberto Baeriswyl Pittet, con el propósito de organizar allí un museo de sitio. El proyecto está siendo patrocinado por la Embajada de Suiza en Chile, por la Embajada de Chile en Suiza y por la Comisión Bicentenario Chile 2010.

Hacia 1958, fue construido el company town de Cerro Sombrero, establecimiento industrial, administrativo y residencial, proyectado24 y construido por Enap sobre una meseta del cerro que le da su nombre, al borde del río Side, con el propósito de establecer un cabezal jerárquico para la explotación sistemática de los hidrocarburos en Tierra del Fuego y en la cuenca del estrecho de Magallanes, una vez puesto en producción el primer pozo en Manantiales (1945). Se inserta actualmente en una empresa territorial del petróleo, en la que concurren diversos elementos: el territorio tridimensional de los yacimientos situados en cotas promedio de 2.500 metros bajo la superficie terrestre (en tres grandes áreas explotadas: al interior de la Isla, en el borde costero y mar adentro); pozos para la extracción de los recursos desde el subsuelo (hay 90 pozos en explotación); infraestructura industrial para la producción, refinamiento y exportación del gas y el petróleo (ductos de transporte, plantas de tratamiento, refinerías, puertos y terminales); e infraestructura urbana para el alojamiento de los trabajadores: Manantiales (1945), Puerto Percy (1950), Cerro Sombrero (1958), Cullen (1962). Estos elementos interdependientes se han articulado en un modelo industrial compuesto por nodos, redes, sistemas y circuitos, el cual gobierna el funcionamiento de la empresa en el territorio petrolero de Tierra del Fuego.

El proyecto de Cerro Sombrero incluyó 140 viviendas de distintos tipos, así como edificios de equipamiento y de oficinas, todos ellos edificados con altos estándares constructivos y de habitabilidad, articulados en torno al centro cívico del campamento. Sus edificios públicos –complejo polideportivo, teatro, iglesia, escuela, hospital, casino, supermercado– representan un importante esfuerzo por enriquecer la vida de la población permanente, coadyuvar al desarrollo de la vida social y asegurar la identificación y sentido de pertenencia hacia una empresa del estado, consolidando su imagen corporativa. A su vez, un edificio como el complejo polideportivo es una clara respuesta al intenso clima del lugar ya que facilita el uso periódico de los espacios interiores, como un contrapunto a la plaza cívica que preside, generando un rico diálogo entre espacio público y espacio social.

Para el diseño de las edificaciones se utilizaron libremente algunos de los elementos del estilo moderno como manera de conseguir la integración formal de cada edificio en el conjunto, empleando grandes ventanales, estructuras de hormigón y metálicas muy sencillas y volúmenes netos y sin mayor ornamento. Actualmente, el poblado está ocupado por cerca de 600 habitantes.25

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La isla de Tierra del Fuego se caracteriza por poseer un conjunto de capas sobrepuestas en su territorio y que están relacionados con su condición extrema: sus características como Zona Extrema y Especial; sus paisajes naturales que poseen magnitud, escala, complejidad, grado de dificultad, con características de prístino, remoto, distante, intenso, excesivo, etc.; la serie de exploraciones, registros y narraciones realizadas por europeos a partir del descubrimiento del Estrecho de Magallanes en 1520, que encuentran su forma más acabada en la valiosa cartografía fueguina; la rica cultura aborigen de los sélknam, asentados desde hace unos ciento diez siglos en la Isla, y cuya expresión territorial fueron los háruwen; por último, desde fines del siglo XIX, se desarrolló en la Isla un conjunto de asentamientos humanos –puerto, estancias, campamentos petroleros– que surgieron a raíz de una colonización económica basada en la explotación de sus recursos naturales cuya expresión son los territorios ganaderos y mineros.

La interpretación en términos de layers de compleja lectura, asociados con la noción de palimpsesto, caracteriza la superposición de múltiples sedimentos culturales, pasados y presentes, resultados de la construcción de territorios dinámicos y superpuestos, en los cuales se conservan los débiles registros de la ocupación aborigen, sobre la que se estableció la ocupación pastoril y la explotación de hidrocarburos. Estos hechos hacen posible la invención del paisaje extremo a la Tierra del Fuego, en tanto correspondencia entre hombre y naturaleza que pone de relieve la relación intensa, poderosa y vital que la sociedad aborigen primero y unos emprendimientos ganaderos y mineros más tarde, establecieron en el territorio fueguino, modificando su ambiente con finalidades productivas y configurando con el tiempo una identidad que subyace en esa construcción cultural del paisaje.

De manera que los paisajes extremos en Tierra del Fuego constituyen un conjunto integrado, superpuesto y acumulado de capas antrópicas de ocupación, sobre unos espacios naturales extraordinarios, compuesto por formas, estructuras y unidades, sujetas a desarrollos y cambios, en las que se verifican las complejas interdependencias entre ambiente natural, prácticas sociales aborígenes, exploraciones, registros y emprendimientos económicos. De los háruwen a las estancias ganaderas y los establecimientos petroleros, estas capas han sido articuladas mediante un conjunto de espacios residenciales y productivos, materialmente frágiles26 pero densos en sus significados, posibilidades y proyecciones económicas y culturales, que se constituyen en referencias persistentes de la identidad regional y de la sociedad magallánica. Contribuyen con la caracterización de un Finis Terrae Incógnito, un territorio de frontera en el cual se pone en evidencia esta transformación de su naturaleza extrema en cultura cotidiana, sobre un ámbito geográfico dominado por la vastedad en su latitud austral.

Estos antecedentes nos permiten afirmar que, si el paisaje extremo es actualmente uno de sus recursos naturales, su interpretación cultural agrega valor a Tierra del Fuego. De esta hipótesis surgen numerosos retos para la gestión del territorio, entre ellos su ordenación funcional, la dotación de infraestructura y su activación en término de rutas culturales,27 buscando de preservar lo mucho que posee de un wilderness solitario, salvaje y primigenio, que fue parcialmente modificado por la ocupación aborigen y la económica.

De manera que el wilderness es el molde y la horma donde se han formado los paisajes culturales extremos en Tierra del Fuego, a la manera de capas superpuestas como en un palimpsesto, establecidos en un conjunto de paisajes de excepcional belleza y riguroso clima, que fueron registrados por navegantes y exploradores europeos a lo largo de cuatrocientos años de historia, y que trasciende al territorio físico propiamente tal para instalarse en la fantasía cultural de occidente como imaginario de un secreto confín remoto más allá del cual no es posible avanzar.28

 

  1. Eugenio Garcés Feliú es Doctor Arquitecto y Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  2. De acuerdo con el filósofo Max Oelschlaeger, la idea americana del wilderness debe su origen especialmente a Henry David Thoreau (1817-62). Oelschlaeger señala que Thoreau fue influenciado por Ralph Waldo Emerson (1803-1882). La “filosofía de la naturaleza” de Emerson estaba “enraizada en un idealismo abstracto, donde se reduce la naturaleza salvaje a un espejo de la mente humana, lo que facilita el descubrimiento del Espíritu Absoluto o de Dios. (The idea of wilderness: From prehistory to the age of ecology, New Haven, Yale University Press, 1991).
  3. Wilderness Act, 1964.
  4. Warner, A. “The construction of “wilderness”: an historical perspective”. Contributed paper for the Canadian Parks for Tomorrow: 40th Anniversary Conference, May 8 to 11, 2008, University of Calgary, Calgary, AB.
  5. Burke, Edmund (2005). Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo bello y lo sublime. Madrid, Alianza Editorial, 2005.
  6. La segunda elegía, de “Las elegías del Duino” de Rilke, comienza así: “Todo ángel es terrible”.
  7. Comité presidido por el Ministro del Interior, creado por el Presidente Frei Ruiz-Tagle en el año 1994 y radicado en la Subsecretaria de Desarrollo Regional desde el año 2001. www.subdere.gov.cl
  8. El concepto de “zona extrema y especial” se busca superar apuntando al concepto de “territorio especial aislado”. Comité interministerial para el desarrollo de las zonas extremas y especiales (CIDEZE) Marzo 2006 – Septiembre 2009.
  9. La Empresa Nacional del Petróleo (Enap) fue fundada en 1950 por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), para explorar y explotar los yacimientos petroleros en Magallanes.
  10. El lugar fue denominado Port Famine (Puerto del Hambre) por el corsario inglés Thomas Cavendish al visitar el asentamiento español abandonado.
  11. Una versión novelada de la vida de Popper es El corazón a contraluz, extraordinaria novela de Patricio Manns (Manns, 1996).
  12. Ceremonia del Hain: rito de iniciación de los adolescentes sélknam.
  13. Vargas Sáez, Juan Francisco: Historial del Mar de Chile. Valparaíso, Talleres de Imprenta y Litografía Soto Ltda., 2000.
  14. Tenían una especial adaptación metabólica, con temperatura corporal superior en un grado a la nuestra y una estatura promedio de 1,80 m.
  15. El haruwen era una porción familiar del territorio fueguino muy bien demarcada en relación con accidentes topográficos, curso de ríos, precisas señales de la llanura, etc., cuyos límites exigían una estricta observancia.
  16. Para el tema más general de las estancias ganaderas en la región de Magallanes, ver Las estancias magallánicas (Benavides y otros, 1999).
  17. La zona norte de Tierra del Fuego fue activada en términos empresariales mediante la construcción de instalaciones industriales, asentamientos humanos, infraestructuras viaria y portuaria, entre otros, de manera tal que todos los elementos resultan interdependientes entre sí para conseguir el funcionamiento del conjunto del territorio como un gran espacio industrial. (Garcés y Kroeger, 2008).
  18. El sistema de concesiones de tierras fue adoptado por los gobiernos del presidente Santa María (1881-1886), del presidente Balmaceda (1886-1891) y continuadores, como forma de entregar en arriendo a empresas y sociedades ganaderas las tierras fueguinas por plazos de hasta 25 años. Las principales concesiones fueron otorgadas en 1885-1915, 1916-1928 y 1938-1941.
  19. La institución del háruwen destinaba a cada grupo familiar la explotación exclusiva de ciertas áreas geográficas muy bien demarcadas, cuyos límites exigían una estricta observancia, por lo que su conocimiento era comunicado de generación en generación ya que su violación era causa de disputas entre linajes.
  20. 1907 es el año en que el presidente de Chile Pedro Montt visitó el puerto de Porvenir, fundado en 1894.
  21. La mayoría fueron producidas en factorías de Wolverhampton y Emubrand, Inglaterra.
  22. Las dimensiones más utilizadas fueron 3.500 mm, 2.500 mm y 1.000 mm de largo por 851 mm de ancho.
  23. Martinic, Mateo: Ferrocarriles en la zona austral de Chile, 1869-1973. En: Historia No 38, Vol. II, julio-diciembre 2005: 367-395.
  24. Algunos importantes arquitectos chilenos de la época participaron en el proyecto de Cerro Sombrero: Julio Ríos; Monckeverg, Echavarría, Briones; Jorge Searle; Bolton, Larraín, Prieto; Echeñique y Cruz.
  25. El censo de 1960, el primero donde Cerro Sombrero figura como entidad urbana, registró un total de 703 habitantes en 114 viviendas, luego durante la década de 1970 en el mejor momento del poblado llego a tener 901 habitantes en 140 viviendas. El año 1982 el registro fue de 691 habitantes. (Martinic, 1980; INE: 1970, 1982).
  26. De las chozas aborígenes solo restan los dibujos y registros fotográficos debidos a Martín Gusinde y otros. La forma y posición de los háruwen son interpretaciones dibujadas de datos transmitidos por una cultura oral (Gusinde, 1982). Por su parte, la arquitectura en madera de las estancias, dependiendo de su manutención, tiene una duración más limitada que la de piedra, ladrillo u hormigón. En cualquier caso, la mayor parte de esas construcciones se encuentran en regular o buen estado, más de un siglo después de haber sido construidas.
  27. Eugenio Garcés está dirigiendo el proyecto Corfo Innova “Fomento al Turismo de Intereses Especiales (TIE). Proyecto de rutas culturales en Tierra del Fuego”, con participación de académicos de la Universidad Católica de Chile, así como Joaquín Sabaté (UPC, España) y Dennis Frenchman (MIT, USA).
  28. Chatwin y Theroux examinan las múltiples menciones a la Patagonia y Tierra del Fuego en diversos escritores, entre ellos Poe, Melville, Coleridge, Donne, Hudson y otros (Chatwin y Theroux, 1997).

 

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